Acabo de cumplir 50 años y tengo trabajo. Leo de manera recurrente las quejas de otros miembros de la comunidad sobre la dificultad de encontrar trabajo una vez superado el Rubicón del medio siglo. Y me parece que sería bueno explicar a nuestros jóvenes reclutadores lo que todavía podemos aportar «los mayores» a las organizaciones. Habrá de todo, como en botica, pero espero que estos comentarios ayuden a los que están buscando y allanen el camino por si los demás nos llegamos a ver en la misma tesitura.
Por favor, este articulo no es discriminación positiva por la edad, es poner en valor algunos pensamientos para que no nos descarten directamente por nuestra edad.
PON UN «MADURO» EN TU EMPRESA
Antes de continuar me gustaría aclarar que, aunque me esté refiriendo a los maduros, hablo también en nombre de las maduras (espero) y que el uso de los masculinos de manera preferente se debe solamente a una cierta pereza y economía de esfuerzo al escribir. No me toméis como ejemplo de madur@s por este comentario.
– Como la fruta y el vino, los maduros están justo en su tiempo. El tiempo ha pasado por ellos, han aprendido de la vida (varias crisis) y son capaces de aportar ese punto de dulzura (trabajo en grupo) o de sabor (capacidad y experiencia) que toda empresa necesita. No mires su DNI. Mira el intangible que una persona así puede aportar.
– Pau Gasol tiene 37 años. Es un maduro para el baloncesto. Ya no anota tanto (salvo algún día) pero rebotea, asiste, da profundidad al banquillo y crea equipo. Todo equipo necesita un LeBron pero también algunos Gasoles.
LA AMBICIÓN SE SUELE PASAR CON LA EDAD
Las generalidades son siempre malas compañeras de viaje, pero los maduros (+50) que conozco, que siguen madrugando, poniéndole pasión al trabajo y manteniendo un alto estándar de productividad, lo que quieren es hacer su trabajo y luego descansar en casa. No buscar crecer peleando con el compañero, crecen con el equipo. No suelen ser problemáticos por que no buscan confrontación, buscan acuerdos.
La edad nos hace a todos mirar la vida desde otra perspectiva y, si bien, muchos mantienen ese pulso de carrera por conseguir más materialidades, la mayoría de los maduros ya no pelea por tener mejor coche que su vecino. Pelea por sentirse bien, por acabar el trabajo y su recompensa es más interna que pública.
El camino de vuelta se puede disfrutar más y detenerte en los lugares que la rápida ida no te permitió admirar.
Y SIN EMBARGO MANTIENEN EL ORGULLO
No pensemos que el maduro quiere hablar por teléfono y leer la prensa deportiva en el trabajo. A su edad, sigue queriendo demostrar que su tiempo no ha pasado. En realidad, para la mayoría de las profesiones, le quedan los mejores años. Reflexiona, mide, piensa, pide opiniones, respeta, acuerda, y ejecuta. Es reflexivo y no le duele aceptar propuestas de los más jóvenes. Propuestas novedosas y audaces que, tamizadas con la experiencia de nuestro maduro, limitarán los riesgos y permitirán nuevos avances.
El orgullo no es soberbia. Durante nuestra vida, muchas veces van de la mano pero como no me canso de repetir, el tiempo lo cura casi todo…menos la estupidez humana. Y esa no tiene edad.
SI CUANDO ESTÁ DENTRO VALE, CUANDO ESTÉ FUERA TAMBIÉN
Juan trabaja y en su empresa se le valora. Lleva 15 años asumiendo diferentes tareas cuando se lo han pedido. Sin embargo, cuando envía su currículo, muy pocas veces pasa la criba inicial por un detalle nimio, su edad. Tiene experiencia, formación, idiomas, … y 50 o más. Pero si además Juan no estuviera trabajando en ese momento, tendría todavía menos posibilidades.
¿Porque con 50 en mi empresa valgo y en otras no? ¿Por qué valgo (algo) si tengo trabajo y si estoy en paro no? Pasar por el paro se puede convertir en una experiencia vital de introspección que nos ayude a reconocernos y a mejorar.
La valía está en la experiencia y en la persona. No en si tiene trabajo o no. Y menos todavía en si tiene más o menos de 50.
EL FINAL DE FIESTA
En la juventud, a muchos se nos hacía difícil abandonar una fiesta por temor a perdernos lo mejor. A nuestro maduro le pasa igual. Sabe que la fiesta terminará pronto y quiere apurarla hasta el final. Después de la fiesta, al jubilarse, queda algo distinto, nuevo, y hasta desconocido. Por eso estos años le reivindican con su profesión, le permiten dejar poso de su experiencia y sentirse vital en su aportación de valor. A releer todos los puntos puede parecer que mi maduro solo pisa moqueta. No es así. Cualquier trabajo, independientemente de su cualificación puede beneficiarse de la ilusión y experiencia de este colectivo cada vez más numeroso.
Y es que, al final, casi todos nos unimos a este grupo…
